LA MISIÓN DE LOS PADRES

 LA MISIÓN DE LOS PADRES

 

Los padres no son los constructores del niño, pero son sus custodios. Han de protegerle y cuidarle en un sentido profundo, como asumiendo una misión sagrada que se extiende más allá de los intereses y de los conceptos de la vida exterior. Los padres son custodios supernaturales como la religión ha concebido los ángeles protectores, dependiendo única y directamente del cielo, más poderosos que cualquier autoridad humana y unidos al niño por lazos invisibles para éste, pero indisolubles. Para tal misión los padres deben purificar el amor que la naturaleza ha puesto en su corazón y comprender que este amor es la parte consciente de una guía más profunda, que no debe ser contaminada por el egoísmo ni por la inercia. Son los padres quienes deben ver y abrazar la cuestión social que se impone en nuestro presente: la lucha para establecer en el mundo los derechos de la infancia.

Se ha hablado mucho en estos últimos tiempos de los derechos del hombre, y en especial, de los derechos de los obreros, pero ha llegado el momento en que es necesario hablar de los derechos sociales del niño. La cuestión social de los obreros fue una cuestión fundamental de las transformaciones sociales, porque la humanidad vive únicamente del trabajo humano y por ello, de aquella cuestión dependía la existencia material de toda la humanidad. Pero si el operario produce lo que el hombre consume y crea en el mundo externo, el niño produce la misma humanidad; por ello, sus derechos son todavía más exigentes en reclamar transformaciones sociales. Es evidente que los cuidados más sapientes y perfectos deberían ser dedicados al niño por la sociedad humana, para recibir, a través del mismo, mayor energía y mayores posibilidades en la humanidad futura.

Por el contrario, el hecho de haber olvidado y descuidado los derechos del niño, de haberlo atormentado y destruido, de ignorar su valor, su poder y su esencia, debería suscitar un sentimiento que hiciera reaccionar a la humanidad de modo vehemente.